Estudios de la Universidad de Toho y la UC San Diego indican que dentro de 1.000 millones de años el incremento en la luminosidad solar generará un efecto invernadero acelerado, evaporando los océanos antes de la destrucción final del planeta.
Con una antigüedad aproximada de 4.500 millones de años, la Tierra ya ha superado la mitad de su vida útil estimada. De acuerdo con informes de la NASA y análisis astrofísicos, el futuro del planeta a largo plazo estará determinado principalmente por la evolución del Sol. A medida que envejece, nuestra estrella incrementa su brillo en cerca de un 1% cada 100 millones de años, fenómeno que representa para los científicos el primer gran «punto de no retorno» para la supervivencia de la vida como la conocemos.
Aunque la desaparición física de la Tierra se calcula para dentro de aproximadamente 5.000 millones de años, cuando el Sol agote su hidrógeno y se expanda en una gigante roja, la capacidad del planeta para mantener vida en su superficie se extinguirá mucho antes. Los expertos estiman que en unos 1.000 millones de años la radiación solar aumentada desencadenará un efecto invernadero persistente.
400.000 simulaciones para anticipar el colapso atmosférico
Un trabajo científico realizado por la Universidad de Toho en Japón, publicado en Nature Geoscience, utilizó modelos planetarios proporcionados por la NASA y potentes supercomputadoras para ejecutar 400.000 simulaciones sobre el porvenir de la Tierra. Los hallazgos indican que la atmósfera dejará de ser adecuada para la respiración mucho antes de que el Sol consuma el planeta. Este proceso se iniciará con la evaporación masiva de los océanos, generando vapor que atrapará el calor y hará que la superficie terrestre se torne un lugar extremadamente inhóspito.
Keming Zhang, investigador planetario de la UC San Diego, confirma esta conclusión en un estudio de 2024: «La Tierra solo mantendrá condiciones habitables por alrededor de otro mil millones de años, cuando los océanos se evaporarán debido al efecto invernadero acelerado». Esta transformación significativa precederá en miles de años al riesgo real de que la Tierra sea consumida por la expansión de la gigante roja, estableciendo un límite claro para la supervivencia de la biosfera solar.


