Las declaraciones realizadas por el consejero Nicola Cecchi durante el Forbes Ceuta AI & Tech Summit dibujan una ciudad preparada para competir con cualquier destino turístico de cara al Mundial 2030. Sin embargo, más allá de los discursos optimistas y de las fotografías institucionales, conviene analizar con rigor si Ceuta está realmente en condiciones de aprovechar un evento de semejante magnitud.
Afirmar que “Ceuta tiene todo para competir con cualquier destino” resulta, cuando menos, una declaración excesivamente optimista. La realidad actual de la ciudad presenta importantes carencias que todavía están lejos de resolverse.
La primera cuestión es la capacidad hotelera. Ceuta dispone de una oferta limitada y, salvo contadas excepciones, muchos de sus establecimientos necesitan una profunda modernización para poder competir con destinos cercanos como Málaga, Cádiz, Marbella o incluso Tánger. Hablar de turismo internacional asociado a un Mundial exige estándares de calidad que actualmente no se encuentran de forma generalizada en la ciudad.
Las deficiencias en materia de movilidad también son evidentes. Sin ir más lejos, durante la pasada temporada de la Liga Hypermotion, varios equipos visitantes tuvieron que recurrir a autocares procedentes de Marruecos para cubrir sus desplazamientos por la insuficiencia de medios disponibles. Si existen dificultades para atender las necesidades logísticas de una competición nacional, resulta legítimo preguntarse cómo se pretende gestionar la llegada masiva de visitantes vinculados a un Mundial.
A ello se suma una realidad comercial que choca frontalmente con cualquier aspiración turística de primer nivel. Los fines de semana, especialmente los domingos, gran parte del comercio local permanece cerrado. Un visitante que llegue a Ceuta durante esos días encuentra una actividad económica limitada y una ciudad que no ofrece precisamente la imagen de un destino turístico dinámico. Antes de pensar en atraer miles de visitantes internacionales, quizás habría que plantearse cómo mejorar la experiencia de quienes ya llegan actualmente.
Tampoco puede ignorarse la situación de las conexiones marítimas. Los precios de los billetes, las incidencias meteorológicas y las limitaciones de capacidad siguen siendo una preocupación recurrente para residentes y visitantes. La accesibilidad es uno de los pilares fundamentales de cualquier destino turístico y, en el caso de Ceuta, continúa siendo una asignatura pendiente.
Por supuesto, el Mundial 2030 puede representar una oportunidad extraordinaria para la ciudad. Nadie discute el potencial estratégico de Ceuta como puente entre Europa y África ni las posibilidades que ofrece su singularidad geográfica, cultural e histórica. Pero las oportunidades no se materializan únicamente mediante campañas promocionales o declaraciones institucionales.
Antes de vender una imagen de ciudad preparada para competir con cualquier destino, sería más prudente reconocer las carencias existentes y trabajar para solucionarlas. Porque el verdadero éxito del Mundial para Ceuta no dependerá de los titulares ni de los foros empresariales, sino de que la ciudad llegue a 2030 con infraestructuras modernas, una oferta hotelera competitiva, mejores servicios, mayor actividad comercial y una movilidad acorde a las exigencias de un evento global.
Soñar es legítimo. Pero gobernar exige, además de sueños, una dosis importante de realismo. Y hoy por hoy, Ceuta todavía tiene mucho camino por recorrer antes de poder afirmar que está preparada para jugar en la misma liga que los grandes destinos turísticos que aspiran a beneficiarse del Mundial 2030.





