El rey participa en un documental de Netflix que narra las últimas horas de Miguel Ángel Blanco, destacando la importancia de recordar el difícil proceso hacia la convivencia democrática.
Felipe VI expresó que resulta «realmente sorprendente y, en cierto modo, inaceptable» que, casi treinta años después de la lucha contra el terrorismo, haya personas que aún apoyen a quienes causaron tanto sufrimiento con ETA. Estas declaraciones forman parte de su intervención en el documental ‘Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo’, que se estrena este viernes en Netflix.
Desde la dirección de los periodistas Jon Sistiaga y Juanjo López, el monarca subraya que «las víctimas del terrorismo deben ocupar un lugar central en la memoria y en los mensajes». Además, se dirige directamente a los jóvenes, recordándoles que quienes no vivieron esa etapa en primera persona deben comprender que la democracia actual y la convivencia que disfrutamos costaron un proceso muy difícil, marcado por el sufrimiento, el dolor y la pérdida de vidas.
La reconstrucción de un crimen que impactó a España
El filme detalla con precisión las dramáticas horas que transcurrieron desde el secuestro hasta el asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua (Bizkaia). Para ello, se usan más de 180 horas de archivo y casi treinta testimonios esenciales, entre ellos los de José María Aznar, Jaime Mayor Oreja, Carlos Totorika y Manuel García Castellón, junto a familiares de Blanco, periodistas e investigadores.
En la película, Felipe VI reconoce que aún enfrenta con la misma emoción, tristeza e indignación aquel hecho ocurrido en julio de 1997. «Casi todos recordamos con detalle dónde estábamos, qué hacíamos y lo que sentimos», comenta. Señala que se identificó mucho con el concejal por la cercanía generacional: «Era de nuestra misma edad». Con el paso de las horas que marcaban los terroristas, la sociedad comenzó a conocer sus aficiones y a su familia, lo que acercó aún más el impacto del crimen.
Detalles sobre su histórica visita a Ermua
El documental también explora las circunstancias que condujeron a que el entonces príncipe de Asturias fuera enviado a la capilla ardiente en Ermua, una decisión calificada como «complicada» por la amenaza terrorista vigente y las dificultades en seguridad. Aunque se acordó inicialmente que el rey Juan Carlos I no viajara para garantizar su protección, la Casa Real consideró necesario mostrar presencialmente el rechazo del país al terrorismo.
Por ello, el rey y el presidente del Gobierno acordaron que el príncipe acudiera en representación oficial. Felipe VI admite que fue la primera vez que realizaba una acción de este tipo y que asumió con gran responsabilidad la redacción de un mensaje que no fuera un simple pésame formal, sino que transmitiera cercanía física y emocional. Las imágenes del archivo reflejan ese momento histórico en el que el heredero expresó el respaldo de la Familia Real al pueblo vasco y su rechazo contundente ante un dolor que conmovió a toda España y trascendió fronteras.




