El lugar contó con un operativo de seguridad excepcional que incluyó tiradores especializados ubicados en puntos elevados durante la ceremonia de entrega del trofeo.
El MetLife Stadium implementó un protocolo de seguridad con un nivel de protección poco habitual para un evento deportivo de esta envergadura. Durante la final y, especialmente, en los momentos clave tras el pitido final, el estadio estuvo protegido por francotiradores situados en posiciones estratégicas para resguardar y monitorear el área donde se encontraban las autoridades.
Resguardo presidencial en la entrega del trofeo
La presencia del presidente estadounidense, Donald Trump, en el campo de juego originó un riguroso protocolo a cargo de las fuerzas de seguridad y el Servicio Secreto.
Las fotografías captadas durante la ceremonia confirmaron la ubicación de los francotiradores en las estructuras del estadio, encargados de mantener vigilancia constante del perímetro para responder ante cualquier posible amenaza mientras las autoridades realizaban la entrega oficial.
Este nivel de seguridad convierte a este evento en una de las finales de mayor control y medidas preventivas en la historia reciente de los grandes encuentros deportivos internacionales.




