La invasión, perfectamente organizada y orquestada por Marruecos, que ha sufrido Ceuta el pasado jueves no tiene parangón en ninguna frontera europea.
La vulnerabilidad mostrada por nuestro país en su frontera más sensible, sólo es achacable a una absoluta desidia del gobierno español y más concretamente de los ministros responsables.
Nadie se puede creer que, con los primeros síntomas de los días previos, ninguno de nuestros servicios de inteligencia haya informado de lo que se estaba preparando en el vecino país, en sus redes sociales y en con clara connivencia de las autoridades marroquíes.
Lo que los ceutíes hemos vivido en los últimos días no se puede explicar con la simple excusa de que las mafias han aprovechado una sentencia del Tribunal Supremo, ya que todos sabíamos que eso traería graves consecuencias como así ha ocurrido, con el gobierno de Sánchez mirando para otro lado y sin saber qué hacer, ni qué decir para no molestar al rey alauita.
Una vez más, nuestro gobierno nos ha fallado y ha demostrado lo poco que le importa nuestra seguridad y el bienestar de los ceutíes. No es de recibo la poca preocupación que vienen demostrando Marlaska y Robles por dotar de medios suficientes a las fuerzas de seguridad y a las fuerzas armadas en la frontera con más presión, junto con la de Melilla, sabiendo como saben que somos quizás la última línea de defensa española frente a un continente que es un hervidero de conflictos.
Desde hace años nuestra Policía y nuestra Guardia Civil vienen pidiendo más medios para poder hacer frente a las avalanchas de inmigrantes que cada día desbordan impunemente nuestra frontera, sin que se haya hecho nada. Que un gobernante no vea la fragilidad de nuestros medios para contener el empuje migratorio, con un espigón ridículo que cada día sortean cientos de personas con tranquilidad no es ceguera, es despreocupación y absoluta desidia.
Afortunadamente, por suerte, Ceuta siempre reacciona con madurez y responsabilidad. Nuestros conciudadanos, siempre solidarios, han sabido dar respuesta a una situación muy similar a una agresión armada que nos ha dejado durante horas completamente indefensos. Han sido muchos los jóvenes que en las distintas barriadas de la ciudad han hecho frente a un ejército invasor que ponía en grave riesgo su vida cotidiana y la de sus seres queridos. Reacciones como las que se han podido ver en Zurrón, Hadú, Rosales, Príncipe y otras zonas han hecho posible que no se hayan producido peores consecuencias, algunas irreparables.
Ver a los jóvenes limpiando sus propias calles, para que sus hijos puedan utilizar las instalaciones recreativas que habían sido pasto de la suciedad y la inmundicia, da una vez más la lección de que siempre Ceuta salva a Ceuta.
De igual forma, de nuevo, hemos podido observar cómo los de siempre han intentando arrimar el ascua a su sardina política, aprovechando el enfado absolutamente justificado de la población invadida, para intentar sacar rédito político, incluso agrediendo verbalmente a personas como Mohamed Mustafa y otros afiliados de su partido, que siempre han defendido y defienden nuestra españolidad sin tapujos.
Es momento de poner en marcha, sin más dilación y de forma urgente, las medidas que impidan que tales hechos no se vuelvan a repetir. El Estado y la Unión Europea deben tomar cartas en el asunto de forma contundente y sin reservas. Hay que poner los medios necesarios para que no haya tanta facilidad en violar nuestra integridad territorial, hacer los cambios legislativos necesarios para tapar los flecos que se hayan detectado y, lo más importante, convencer con hechos, no con palabras, a los ceutíes de que de verdad el Estado y sus máximos representantes creen en el futuro español de Ceuta, haciendo que todos podamos recobrar la confianza en nuestras instituciones.
Ya es hora de que el Jefe del Estado visite Ceuta con la normalidad con la que se visita cualquier otra ciudad española, sin tener que pedir permiso a nadie.
Gracias ceutíes por vuestro ejemplo y vuestra entereza. Nos sentimos muy orgullosos de ser vuestros vecinos y con vosotros iríamos al fin del mundo.



