Habitaciones compartidas, cocheras y espacios sin condiciones adecuadas se estarían ofreciendo a precios desorbitados a personas que no encuentran alojamiento en los recursos de acogida
La crisis migratoria que atraviesa Ceuta está dejando también un fenómeno especialmente preocupante: el aprovechamiento económico de la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran cientos de personas que permanecen en las calles.
La falta de plazas de acogida y la saturación de los recursos han generado un mercado paralelo en el que conseguir un lugar donde dormir puede convertirse en un auténtico lujo.
Según testimonios recogidos por distintos medios, algunas personas estarían cobrando cantidades muy elevadas por dormir en garajes, terrazas, habitaciones compartidas e incluso zonas comunes de viviendas.
En algunos casos, los precios alcanzarían los 50 euros por persona y noche. Una cantidad que, multiplicada por varios días, supone cientos de euros por un espacio que en muchas ocasiones carece de las condiciones mínimas de habitabilidad.
Hasta 400 euros por dormir en el suelo
Uno de los testimonios más llamativos fue recogido por laSexta en el barrio del Príncipe.
Un migrante aseguró que estaba pagando 400 euros por un mes para dormir en el suelo, compartiendo el espacio con otras 14 personas. Según su relato, ni siquiera podía utilizar el baño o la cocina de la vivienda.
Otros testimonios situaban entre 100 y 150 euros el precio que se estaría cobrando por permitir dormir durante varias semanas en determinados espacios.
La situación evidencia hasta qué punto la ausencia de alojamiento está generando oportunidades de negocio para algunos particulares.
Un negocio basado en la necesidad
La situación resulta especialmente preocupante porque muchas de las personas que recurren a estos alojamientos improvisados no tienen otra alternativa inmediata.
Con los recursos de acogida sometidos a una enorme presión, quienes disponen de algo de dinero pueden intentar pagar un techo antes que pasar la noche en la calle, en una playa o a las puertas de algún centro.
El problema aparece cuando esa necesidad se convierte en una oportunidad para cobrar cantidades desproporcionadas por espacios que no reúnen condiciones adecuadas.
Organizaciones sociales y vecinos ya han alertado sobre la aparición de estos alojamientos improvisados. La ONG Luna Blanca llegó a denunciar que hay personas que estarían intentando “hacer su agosto” a costa de esta situación.
También se paga por servicios básicos
El problema no se limita al alojamiento.
En una ciudad donde miles de personas han quedado temporalmente fuera de los recursos ordinarios, el acceso a servicios tan básicos como la higiene, la alimentación o una ducha adquiere una importancia extraordinaria.
Precisamente por ello, las administraciones y organizaciones sociales están habilitando nuevos espacios con servicios básicos. El Gobierno anunció este lunes la creación de 1.500 plazas temporales de acogida, distribuidas en cuatro emplazamientos, además de una inversión extraordinaria de 6,5 millones de euros.
La existencia de estos recursos pretende reducir la presión sobre las calles y evitar que personas en situación de extrema vulnerabilidad tengan que recurrir a soluciones improvisadas.
El otro lado de la crisis
Mientras miles de ceutíes, asociaciones, ONG y voluntarios colaboran para atender la emergencia, también existe preocupación por quienes puedan estar aprovechándose económicamente del caos generado por la llegada masiva de migrantes.
La cuestión plantea además interrogantes sobre las condiciones de estos alojamientos y sobre si las administraciones competentes están detectando y actuando ante posibles situaciones de explotación.
La crisis migratoria no solo está poniendo al límite los servicios públicos de Ceuta. También está creando un escenario en el que la necesidad de un techo, una ducha o un lugar donde descansar puede convertirse en una fuente de ingresos para terceros.
Y ahí aparece una de las caras menos visibles de la emergencia: personas que han llegado sin recursos y que, ante la falta de alternativas, pueden terminar pagando cantidades desorbitadas simplemente por dormir bajo techo.



