Por Los vecinos de La Colina
Hay momentos en los que el silencio deja de ser prudencia y se convierte en una forma de abandono. Los vecinos de La Colina no podemos seguir callando ante lo que estamos contemplando en nuestro entorno desde la llegada masiva de migrantes a Ceuta el pasado mes de julio.
Nuestra denuncia se refiere a conductas concretas que deben ser investigadas y, cuando constituyan infracciones, sancionadas , y a la preocupante falta de respuesta que percibimos por parte de las administraciones competentes.
Reyertas continuas, el silencio de la noche roto por los gritos y las sirenas. Aumento de la tasa de criminalidad. Acampadas en lugares prohibidos, como las playas y los montes, ocupación de espacios naturales, generación descontrolada de residuos, venta ambulante, mendicidad y otros comportamientos incívicos se suman a una cuestión no menos preocupante: la presión sobre la fauna y sobre unos ecosistemas que son extraordinariamente frágiles.
LA FAUNA DE CEUTA NO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA FUENTE DE ALIMENTO. La captura, persecución, maltrato o manipulación de los animales de nuestro entorno, como patos, gatos, serpientes y culebras, carpas, delfines, lapas, entre otras especies .
La culebra de herradura , está incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) conforme al Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, y su captura, muerte o perturbación no puede considerarse como un asunto menor, de acuerdo con el Art. 57 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, están prohibidas las actuaciones sobre ellas o sobre los lugares que habitan. Y esto se está incumpliendo.
Y no hablemos del caso de la Patella Ferruginea (nuestra lapa de toda la vida) , una especie marina de extraordinario interés para la conservación y sometida a un régimen de protección específico, cuya situación ha motivado medidas específicas de protección. De hecho, está catalogada como especie en Peligro de Extinción Su presencia en nuestras costas constituye un patrimonio natural que debe ser preservado, no expoliado.
Por eso resulta particularmente grave cualquier actuación que suponga su extracción, captura, destrucción o alteración de su hábitat. La protección de esta especie no puede quedarse en los textos legales o en los catálogos de especies protegidas.
Otro ejemplo de esta sinrazón es la captura y consumo de carpas procedentes de aguas interiores o pantanos , ya que no puede garantizarse que los ejemplares capturados en estas aguas sean aptos para el consumo humano. No se trata de alarmar, sino de aplicar un principio básico de prevención: ante un posible riesgo para la salud pública, debe comprobarse.
Cada ejemplar que se captura, mata o retira de su hábitat supone una pérdida para nuestro patrimonio natural. No estamos hablando de simples animales que pueden sustituirse. Estamos hablando de biodiversidad.
Debe existir vigilancia efectiva sobre el terreno. Porque una especie protegida que nadie vigila termina siendo una especie desprotegida en la práctica.
¿DÓNDE ESTÁ LA VIGILANCIA? Esta es la pregunta que los vecinos llevamos semanas haciéndonos.
¿Quién controla las zonas afectadas? ¿Quién identifica a quienes capturan animales? ¿Quién comprueba si se están produciendo daños sobre especies protegidas? ¿Quién verifica el cumplimiento de las normas ambientales? ¿Quién actúa cuando se incumplen las prohibiciones de acampada? ¿Quién controla la acumulación de residuos? ¿Quién levanta las correspondientes actas? ¿Quién sanciona cuando existe una infracción acreditada?
Porque una cosa es que las administraciones tengan recursos limitados y otra muy distinta que los ciudadanos tengamos la sensación de que determinadas conductas pueden repetirse sin consecuencia alguna.
CARTELES QUE NADIE RESPETA. Los espacios naturales están llenos de señales. Prohibido acampar.
Prohibido arrojar residuos.
Prohibido hacer fogatas o barbacoas. Protección de la fauna.
Respeto al entorno.
Pero una prohibición sin vigilancia acaba convirtiéndose en una recomendación. Y una recomendación que nadie hace cumplir acaba siendo ignorada. Los vecinos de La Colina nos preguntamos para qué se invierte dinero público en señalización, protección ambiental y conservación si después no existe una respuesta efectiva ante su incumplimiento.
LA LEY DEBE TENER UNA SOLA VARA DE MEDIR. Aquí llegamos a uno de los puntos que mayor indignación provoca. Los ceutíes sabemos perfectamente que determinadas infracciones pueden terminar en una denuncia y una sanción.
Por eso exigimos que exactamente el mismo criterio se aplique a cualquier persona que se encuentre en Ceuta. No pedimos que se sancione a nadie por ser migrante. Pedimos que se sancione, cuando legalmente corresponda, a quien cometa una infracción. El origen, la nacionalidad o la situación administrativa no deberían determinar la existencia de controles ni la aplicación de las normas.
Mismas obligaciones. Mismos derechos. Mismos controles. Mismas consecuencias ante el incumplimiento. Eso es igualdad.




