La mujer de 87 años que se enfrentó a un desahucio tras vivir siete décadas en su casa de Retiro fallece en el hospital Gregorio Marañón
María del Carmen Abascal Martín, Maricarmen, la mujer de 87 años que se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la lucha por la vivienda en Madrid, ha fallecido en el Hospital Gregorio Marañón.
Su muerte pone fin a la historia de una mujer que durante siete décadas vivió en una vivienda del distrito de Retiro y que, en los últimos años de su vida, terminó convirtiéndose en un símbolo de las reivindicaciones de miles de inquilinos.
Maricarmen ya no podrá regresar a aquella casa que abandonó en camilla en el marco de un proceso de desahucio y que posteriormente llegó a recuperar después de una movilización ciudadana que tuvo una enorme repercusión.
Siete décadas en la misma vivienda
Maricarmen había acudido al Sindicato de Inquilinas para pedir ayuda ante el largo conflicto que mantenía con la propiedad de su vivienda.
Su caso adquirió especial relevancia pública por las circunstancias personales de la afectada. Tenía 87 años, un 50% de discapacidad y unos ingresos de aproximadamente 1.400 euros mensuales de pensión.
Según explicó durante el conflicto, la propiedad llegó a exigirle una renta de 2.650 euros mensuales, una cantidad que hacía imposible para ella continuar en la vivienda con sus ingresos.
Pero Maricarmen decidió plantar cara.
«Si me van a cortar el cuello, será luchando»
La frase terminó convirtiéndose en una de las expresiones que mejor resumían su actitud ante los sucesivos intentos de desahucio.
El caso que movilizó a varias generaciones
Su historia provocó una creciente movilización alrededor de su vivienda. Vecinos, organizaciones sociales y jóvenes acudieron a las convocatorias para tratar de impedir que la anciana terminara en la calle.
El conflicto dejó de ser únicamente un procedimiento relacionado con una vivienda y se convirtió en uno de los casos más visibles de las movilizaciones por el acceso a la vivienda en Madrid.
Finalmente, después del lanzamiento, la propiedad permitió que Maricarmen regresara a la vivienda.
Sin embargo, el proceso había tenido un fuerte impacto sobre su salud y su estado físico.
La anciana quedó postrada en una cama y tuvo que permanecer ingresada en el hospital.
«Mis niños»
Incluso desde el hospital, Maricarmen continuó siguiendo las movilizaciones protagonizadas por los jóvenes que habían convertido su caso en una bandera de las reivindicaciones por la vivienda.
A ellos los llamaba cariñosamente «mis niños».
En una de sus últimas entrevistas explicaba las consecuencias físicas que había sufrido durante todo el proceso.
«He perdido tanta masa muscular que no puedo casi ni caminar»
A pesar de sus dificultades, llegó a participar en una manifestación en silla de ruedas.
Su mensaje seguía siendo el mismo: salir a la calle y reclamar cambios para evitar que otras personas terminaran atravesando una situación similar.
«Yo puedo ser la mecha que enciende una primera vela, pero detrás tienen que venir muchas velas»
Una mujer convertida en símbolo
La historia de Maricarmen trascendió rápidamente su barrio y terminó adquiriendo dimensión nacional.
Su caso fue utilizado por las organizaciones de vivienda como ejemplo de la situación que afrontan determinados inquilinos vulnerables ante el incremento de los alquileres y los procesos de desahucio.
La movilización generada alrededor de su vivienda reunió a personas de distintas generaciones y convirtió a la anciana en uno de los rostros más reconocibles de las protestas por la vivienda.
Ahora, Maricarmen ha fallecido.
No podrá regresar a la vivienda en la que pasó la mayor parte de su vida.
Pero su historia permanece como el recuerdo de una mujer que decidió luchar hasta el final por aquello que consideraba su hogar.
MARICARMEN, EN SUS PROPIAS PALABRAS
«Si me van a cortar el cuello, será luchando»
«He perdido tanta masa muscular que no puedo casi ni caminar»
«Yo puedo ser la mecha que enciende una primera vela, pero detrás tienen que venir muchas velas»
TELECEUTA | Madrid
La historia de Maricarmen termina con su fallecimiento, pero el debate sobre el acceso a la vivienda y la situación de los inquilinos vulnerables continúa abierto.




