El líder de Vox visitará la ciudad. Sus propuestas ya las conocemos: expulsiones masivas, cierre de fronteras y suspensión de acuerdos con Marruecos. Esperamos que esta vez explique cómo pretende llevarlas a cabo.
TeleCeuta | Ceuta
Santiago Abascal ha elegido Ceuta para celebrar el próximo 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional, acompañado de Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional de Francia, en plena precampaña electoral y a las puertas de la visita de los Reyes.
La cuestión es si viene a ofrecer soluciones para la crisis migratoria o simplemente a repetir las promesas que lleva meses proclamando.
Expulsiones inmediatas, cierre de fronteras y ruptura de acuerdos
Abascal ha reclamado expulsar a todos los migrantes llegados desde Marruecos, llegando a afirmar el 31 de julio: «¡Hay que echarlos ya! ¡A todos! Con los medios que sea». Incluso planteó que los propios españoles actuaran si el Gobierno no lo hacía.
Posteriormente exigió militarizar la frontera, cerrar el paso fronterizo y suspender el Tratado de Amistad con Marruecos.
Pero ¿cómo pretende ejecutar miles de devoluciones mientras propone deteriorar la cooperación con el país que debe aceptar a esas personas? Cerrar el paso fronterizo o suspender un tratado no hace imposibles por sí solos los retornos, pero tampoco explica cómo conseguirlos.
Además, las expulsiones colectivas están prohibidas y los procedimientos deben respetar las garantías legales. Ningún real decreto puede suprimirlas.
La pregunta para Abascal no es qué haría, porque ya lo ha repetido suficientemente, sino cómo lo haría, con qué instrumentos legales, con qué colaboración de Marruecos y en qué plazos.
De persona non grata a discursos cada vez más próximos
Hay otro contraste político significativo. En julio de 2021, la Asamblea de Ceuta declaró a Abascal persona non grata por sus acusaciones contra representantes políticos ceutíes. La declaración prosperó con la abstención del PP de Juan Vivas, que defendió su postura incluso frente a las críticas de Génova y consideró aquellas palabras una amenaza para la convivencia.
Cinco años después, Vivas ha endurecido notablemente sus exigencias sobre las devoluciones, mientras Feijóo ha incorporado propuestas de mayor control fronterizo, reformas legales e intervención militar si fuera necesario.
Aunque PP y Vox nunca han gobernado juntos en Ceuta y mantienen diferencias importantes, resulta significativo que la distancia entre sus discursos sobre inmigración se haya reducido, especialmente cuando antes protagonizaron enfrentamientos tan profundos.
El hartazgo de Ceuta no puede convertirse en un recurso electoral
El cansancio y la indignación de muchos ceutíes son comprensibles. Meses de crisis, incertidumbre y problemas de convivencia han generado una demanda legítima de respuestas urgentes.
Precisamente ese hartazgo puede favorecer los mensajes que prometen soluciones inmediatas a problemas enormemente complejos. Pero alimentar expectativas sin explicar cómo cumplirlas no resuelve la crisis y puede provocar nuevas frustraciones.
Abascal tiene derecho a defender medidas migratorias más restrictivas y a criticar la actuación del Gobierno. También Vivas y Feijóo pueden reclamar cambios legales. Lo exigible a todos es que expliquen cómo convertirían sus propuestas en resultados, sin ignorar las obligaciones jurídicas ni la imprescindible cooperación con Marruecos.
Esperemos que Abascal venga esta vez a Ceuta a explicar algo más que lo que ya ha dicho. Porque la ciudad no necesita otra competición de discursos cada vez más duros, sino soluciones legales, realizables y con plazos concretos.
La demagogia puede proporcionar titulares y aplausos, pero no resuelve expedientes, no garantiza devoluciones ni devuelve la normalidad a Ceuta.




