RRSS EL REVELLIN DE CEUTA
La economía local es una burbuja de carácter político, como un engendro social que necesita retroalimentarse de sus mentiras y vender un escenario idílico. Una mentira mil veces contada y publicada, que el ciudadano crédulo mira con escepticismo y el cuerdo observa espantado.
Un desmantelamiento empresarial que se ha ido gestando durante tres décadas y que se manifiesta en la descapitalización total de la ciudad (con datos fidedignos y no los emitidos por la cámara de recaudadores de subvenciones). Modificar dicha decadencia es un reto que no se asume y donde se descartan injerencias ajenas al reparto del caudal público.
La ansiada autonomía jamás ha prosperado: por la poca sangre de sus dirigentes, por la negativa a desarrollar el estatuto y por los amantes del pelotazo que nos acechan. De dicho modo, se han desperdiciado oportunidades de mercado y se ha expandido un arbitrario criterio municipal. Un caldo de cultivo que ha arremolinado a empresarios enquistados, que entendieron que el único plan de supervivencia pasaba por aliarse con la clase política y que fueron auspiciados por afinidad.
La ciudad vive como un gigante con los pies de barro, donde la atracción de inversión es una quimera y todo lo que llega tiene el trasfondo del patrocinio público. Empresas que no crean infraestructuras, que se alojan de manera temporal por las ventajas fiscales y que se dedican a sectores denostados en el resto de territorios (utilizándonos como lavadora de empresas especuladoras y sirviendo para justificar ingresos por parte de la administración local).
Un deterioro notable del sector privado que nos ha conducido a la precariedad y que se ha tutelado desde un ayuntamiento de pueblo, donde la politización ha destrozado el crecimiento y ha llevado a la ciudadanía a una deriva decadente.
Hablar con grandilocuencia resulta demasiado sencillo cuando el impulso está motivado por un conseguidor/intermediario con la administración y un/a político/a que ampara al supuesto “empresario”. Una red tóxica que se ha quedado con los medios de comunicación y exigen dinero a cambio de propaganda, llegando “supuestamente” a extorsionar a la administración local y consiguiendo ingresos impropios de una ciudad marcada por la marginalidad (hay que tener muy poca vergüenza y poseer una ínfima conciencia).
Sin duda alguna, la oposición política ceutí sólo aspira a manejar tan despreciable paradigma de ciudad, dando pistas de la incapacidad para hacerle frente a un ejecutivo vendido a los compromisos y donde recibir el poder sería un traspaso de atrocidades adquiridas en el tiempo.
Planteamientos de una tierra que vive en la mentira que propagan los políticos y sus interesados subalternos del sector privado, fingiendo estrategias sin mercado, desconociendo el contexto económico regional y la necesidad de ser partícipes del mismo. Por dichas razones —con su consabida propaganda— resulta lamentable ver a individuos que se han creado un personaje, que no entienden la vida sin su ridícula sobreactuación diaria y su exposición pública en medios regalados (sobre las subvenciones de la prensa, adjudicaciones —o manejo— faltarían letras y furgonetas de la UCO).
Y créanme, para atreverse a entrar en sectores como el tecnológico se necesita una visión estratégica basada en la estabilidad socioeconómica, donde la universidad y el entorno estén al nivel de desarrollo que se intente proyectar (ejemplos hay muchísimos, desde Hsinchu a Silicon Valley). Mientras —en nuestra tierra— se exalta a una desubicada industria de la fantasía del engaño, difundida —una vez más— por el detestable clan político/empresarial, que sólo entienden del reparto de dividendos entre ellos mismos y en vender una película sin efecto.
Un hub tecnológico atractivo no nace en un territorio con deficiencias, sino que necesita estar dotado de unos estándares que llamen la atención a los inversores (garantías sanitarias, educación, aeropuerto, seguridad, vivienda, limpieza…).
No se pueden contar patrañas e intentar dignificarlas, porque todos conocemos qué se traen entre manos.
Contrabando político —que se vende como comercio— y que únicamente son mercaderes haciendo de empresarios. Planificación de una economía ficticia y que viene impuesta desde Madrid, donde el comercio se reparte por regiones, aplicando las mismas pautas de las bandas del narcotráfico y utilizando su particular manera de dividirse en territorios (un sistema oficioso, que sólo se establece en espacios expoliables, que recoge cadáveres de otros tiempos y donde nos han endosado dos nietos de 1956).
Un modus operandi demasiado descarado para nuestra pequeña localidad:
“Yo te mantengo y te doy cobertura en tu labor política con publicidad/honores/eventos; tú sustentas mis negocios con adjudicaciones/ayudas/subvenciones/partidas y, el día de mañana, te ofrezco un cargo de representación”. ¿Les suena?
Desterrar a fantasmas convenidos es el primer paso para comenzar a avanzar, despojándonos de representantes que llevan años dándole naturalidad al fracaso y despilfarrando cientos de millones de recursos públicos. Poner pie en pared es indispensable, sacando a tramposos de las instituciones, olvidando una época ruin para el emprendimiento y la libre competencia entre nuestras queridas Siete Colinas, ubicándonos por fin en nuestro verdadero potencial y dando respuestas a tantos que se van.
Porque, permítanme, no podemos crear prosperidad con una aduana comercial cerrada sine die con Marruecos, con un puerto que esconde su enorme déficit con compensaciones estatales (que se ahoga sin tener actividad relevante) y con un comercio local sin un mercado/consumo regular que lo avale. Una situación fruto del inmovilismo y donde sólo somos una isla pirata alejada del mundo. Ni mil sociedades municipales pueden disimular el récord de desempleo y el aniquilamiento de los autónomos en Ceuta, mostrándonos al exterior como una tierra sin valor para los negocios y sostenida por el Gobierno de la Nación.
Si me leen entre líneas —interpretando mis artículos— podrán adivinar cuántas iniciativas y proyectos se diluyen por culpa de una red clientelar que destruye el bien común, cómo se sigue tirando por tierra el porvenir de los ceutíes y qué trato que se nos brinda a todos los que no pasamos por el aro.




