El Ejecutivo portugués y la compañía REN buscan evitar su dependencia del sistema eléctrico español para alimentar sus centros de datos debido al riesgo de apagones en los próximos años.
El Gobierno de Portugal, junto con la gestora de la red eléctrica nacional (REN), ha retomado el proyecto para establecer una conexión eléctrica de alta tensión con Marruecos con el objetivo de disponer de una fuente externa alternativa de suministro. Esta medida surge tras detectar problemas significativos de suficiencia energética en el sistema eléctrico del país luso a partir de 2028. De acuerdo con los informes nacionales de adecuación de recursos, validados por la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), la pérdida esperada de carga (LOLE) en Portugal superará ampliamente el límite establecido de 1,46 horas anuales, alcanzando las 1,71 horas en 2028, 8,29 horas en 2030 y llegando a un preocupante máximo de 68,3 horas de cortes para 2035.
Este déficit se explica principalmente por el crecimiento acelerado de la demanda industrial y técnica proyectada para Portugal en los próximos años. A comienzos de 2026, el país registra solicitudes oficiales de acceso a la red por un total de 41 gigavatios (GW), de los cuales aproximadamente 13,8 GW corresponden a grandes proyectos que demandan alta energía, como centros de datos e infraestructuras industriales, muchos de ellos con permisos o trámites muy avanzados. Este aumento contrasta con la desaceleración en el desarrollo de parques eólicos y solares, cuyo ritmo de instalación apenas alcanza la mitad de los objetivos previstos por los planes comunitarios de transición ecológica.
Esta iniciativa cobra especial importancia desde una perspectiva geopolítica, en un contexto marcado por las relaciones transfronterizas y la actual crisis migratoria en Ceuta. Portugal actualmente opera como una isla energética, ya que su único enlace con Europa depende exclusivamente de la red española, cuya conexión entre Galicia y el norte de Portugal se reforzó en julio para lograr una capacidad de intercambio de 4.200 megavatios (MW). Sin embargo, las autoridades portuguesas muestran reticencias a depender únicamente de la capacidad española en situaciones de estrés debido al calor o la sequía, especialmente ante incertidumbres sobre futuras subastas de capacidad o el cierre programado de plantas nucleares, como la central de Almaraz, en la próxima década.
El acuerdo entre Portugal y Marruecos pretende obtener apoyo económico e institucional de la Comisión Europea para que el proyecto se reconozca como una infraestructura estratégica transfronteriza y pueda acceder a financiación comunitaria, además de atraer inversión privada que contribuya a reducir una inversión inicialmente estimada en 800 millones de euros. Entre las opciones consideradas están la instalación de un cable submarino directo que otorgue independencia respecto a la península ibérica y el uso de los enlaces existentes entre España y Marruecos. Sin embargo, Bruselas y ACER han alertado a las autoridades lusas de que esta infraestructura no resolverá por sí sola los problemas de suministro si no se acompaña de un gran desarrollo de almacenamiento en baterías y centrales de respaldo instaladas en el propio territorio portugués.



