El presidente del Gobierno sitúa ante la Asamblea General la situación de la ciudad y reivindica una respuesta basada en la legalidad y los derechos humanos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llevó este miércoles la situación que atraviesa Ceuta a la Asamblea General de Naciones Unidas, donde calificó la crisis migratoria vivida en la ciudad como una de las mayores de los últimos años.
Durante su intervención en Nueva York, Sánchez vinculó la situación con factores como “la desigualdad, la desesperación y la desinformación” y defendió que España debe afrontar la crisis sin renunciar a la legalidad ni a los derechos humanos.
El jefe del Ejecutivo señaló que, ante una situación de estas características, existe la tentación de responder desde el miedo y convertir al migrante en un enemigo. Frente a ello, defendió que España no seguirá ese camino.
Sánchez también puso a la ciudadanía de Ceuta como ejemplo de una sociedad que, según sus palabras, está afrontando una situación especialmente difícil manteniendo la legalidad y el respeto a los derechos humanos.
La intervención se produce casi dos meses después de la entrada masiva de migrantes registrada en la ciudad a finales de julio. El propio Sánchez había reconocido antes de su discurso ante la ONU que el mecanismo de control fronterizo de Marruecos falló durante aquellos acontecimientos y había reclamado respuestas y medidas al país vecino.
La crisis de Ceuta se ha convertido así en uno de los asuntos vinculados a la agenda internacional del Gobierno durante la estancia de Sánchez en Nueva York. El Ejecutivo ha defendido en los últimos días la importancia de la cooperación con Marruecos y del control de las fronteras, al tiempo que mantiene como referencia el cumplimiento de la legislación y los derechos fundamentales.
El discurso ante Naciones Unidas llega además después de que las autoridades españolas reforzaran la vigilancia en la frontera del Tarajal ante los llamamientos difundidos en redes sociales para intentar una nueva entrada masiva en Ceuta.
La jornada del 23 de septiembre terminó finalmente sin que se produjera un nuevo episodio de entrada masiva, mientras España y Marruecos mantuvieron desplegados dispositivos de seguridad en ambos lados de la frontera.




